Actualizado: 4 de noviembre de 2009, 10:03 EST

El dilema de Ortega

Entre la imposibilidad de retirarse y la de cumplir como un profesional

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Alejandro Caravario Por Alejandro Caravario
ESPNdeportes.com
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TélamOrtega, después de la crisis, volvió a entrenar y estuvo de buen humor
BUENOS AIRES -- Según dejan entender sus medias palabras -expresión inconclusa de sus pensamientos en proceso de maceración-, Ariel Ortega está pensando en dejar el fútbol.

Pidió no compartir la concentración previa al partido con Lanús y mantuvo desde entonces un par de reuniones con Leo Astrada y sus colaboradores, en las que habría manifestado sus cavilaciones acerca del retiro y su desánimo, que fue descripto más gravemente por algunos medios como depresión.

Es muy probable que esta nueva crisis esté mezclada con un viejo problema: la adicción de Ortega al alcohol, que ha teñido su destino profesional durante los últimos años. Y requiere de los responsables del club (dirigentes y entrenador) un plus de tolerancia (y de noción cabal de lo excepcional del caso), además de un respaldo especializado, si es que pretenden ayudar, como dicen, a la persona antes que al personaje que habita la tapa de los diarios y las banderas de los hinchas.

Lo excepcional tiene que ver con la patología, no con los privilegios que se les suele conceder a las estrellas. Tanto a Astrada como al plantel de River les debe haber hecho ruido que, justo en un momento en que River superaba su prolongado letargo merced a un par de resultado alentadores, se les cayera un soldado valioso (sobre todo simbólicamente), para colmo por razones que nunca se leen como de fuerza mayor.

Cuesta digerir lo inoportuno del bajón, arrestos egocéntricos, inmanejables, propios de quien sufre una adicción. En todo caso, mejor que barajar sanciones, revanchas o congelamientos (han sido inútiles con Ortega), habrá que insistir con el auxilio de expertos y, descontado, el compromiso del jugador, hasta aquí gran partidario de tirar la pelota afuera y esperar que aclare. La clave, seguramente, reside en la pericia para involucrarlo.

No está en juego aquí el regreso del Burrito a los pasados esplendores (algo improbable), sino su vida misma. Debe haber, por lo tanto, una contención desinteresada de parte del club.

Pero así como cuesta imaginar un Ortega flexible, veloz y autosuficiente como en sus años mozos, es difícil pronosticarle un buen pasar si abandona la pelota así como así.

Su horizonte de recursos, por más que haya reunido una fortuna, no parece el de otros colegas que cuelgan los botines satisfechos por cambiar de aire.

El trabajo entonces parece preservar al Ortega futbolista, equilibrando recuperación y compromisos profesionales sin exigirle lo que a un futbolista en plena libertad de decidir. El plantel de River tendría que estar dispuesto a acompañar ese proceso.

Por lo demás, sería aconsejable descartar la idea romántica del retiro en el apogeo, como se suele escuchar.

Me recuerda a la recomendación de morir joven que seducía a ciertos paladines del rock.

Ortega puede seguir jugando, para su felicidad y la de los hinchas, aun sin ser el mejor, aun reconociendo el deterioro que lo aleja de la estampa platónica, pero que no necesariamente debe arrebatarle el talento y la inteligencia para estar ahí pidiendo la pelota.


Alejandro Caravario nació en Buenos Aires en 1963. En más de 20 años de actividad en el periodismo gráfico, pasó con suerte diversa por innumerables redacciones: Clarín, El Gráfico, Llegás, 7 Días, Perfil, Crítica de la Argentina, entre otras tantas. Fue uno de los fundadores del diario deportivo Olé y director de su revista, Mística. De pluma versátil, ligeramente esquizoide, se ha movido en géneros que van desde el deporte hasta la reseña literaria. En sus momentos de ocio, que no son pocos, se aboca a la narrativa: es autor de un libro de relatos (Sangra), y tres novelas (Costumbres de la carne, Palermo y Mamá se hizo las tetas, ésta última inédita), obras de notable mérito, de las que, lamentablemente, el público casi no se ha enterado. Consulta su archivo de columnas.