Dio un gran salto
Zeballos pasó de los challengers a llegar, en San Petersburgo, a su primera final de ATP

Cuántas cosas le pasaron en un breve lapso a este jugador oriundo de Mar del Plata, la ciudad que vio crecer al histórico Guillermo Vilas y donde, además, Argentina sufrió una decepción gigantesca hace un año, al perder su única final de la Copa Davis en casa, ante España. Es que Zeballos pasó de ser un desconocido para los fanáticos del deporte en su país a estar a apenas un punto de ganar un título oficial, siendo para colmo en cancha rápida y cubierta.
Este seguidor del fútbol e hincha de Boca Juniors tiene como ídolos en el tenis a dos zurdos que hicieron historia y ganaron, cada uno, un Grand Slam, como el croata Goran Ivanisevic y el austríaco Thomas Muster. A diferencia de la mayoría de los albicelestes y latinoamericanos en general, pero igual a lo que ocurre con los mejores de la región en la actualidad, Zeballos prefiere las superficies rápidas.
CON UNA PROPUESTA INTERESANTE
Dueño de un saque que impone respeto y de una zurda punzante, que es su mejor golpe, su torneo favorito es el US Open, al igual que su compatriota Juan Martín del Potro, quien hace poco concretó su sueño de coronarse en el cemento de Nueva York. Y el marplatense se quedó con las ganas de ser el tercer argentino en el año en obtener un campeonato en sus predilectas canchas rápidas, como ya lo habían hecho Del Potro, en el US Open, Washington y Auckland, y David Nalbandian, en Sydney.
Hasta aquí, a muy poco de finalizar el calendario 2009, esos fueron los cuatro títulos conseguidos por argentinos en el circuito mayor de la ATP, todos en superficie dura y al aire libre. Por eso, si hubiese ganado Zeballos en Rusia habría sido el único bajo techo. Su mérito es tan grande, que los otros compatriotas que llegaron a jugar (y perder) finales esta temporada fueron Juan Mónaco (tres) y José Acasuso (una), en ambos casos en arcilla.
Lo hecho por Zeballos en San Petersburgo, en la antigua Leningrado, fue tan positivo que no se debe perder de vista que, hasta aquí, apenas había participado en tres torneos de ATP, todos en canchas veloces, en Newport, el US Open y en Moscú. Sólo había ganado un encuentro, en el Grand Slam estadounidense, mientras que en los otros dos fue eliminado en el debut. Y en los tres casos perdió ante rivales cabezas de serie.
Por eso, antes de esta final, su récord en el ATP Tour era de apenas 1-3, no sólo en este año sino en toda su carrera profesional. Es que Zeballos era un habitué de los certámenes de escala inferior siguiente, los challengers, al punto de que en esta temporada llegó a ocho definiciones, todas en Sudamérica, con marca de cinco títulos (tres en polvo de ladrillo y dos en cemento) y tres caídas.
De esos cinco éxitos, uno -el último- fue justamente en su país, en Buenos Aires, sobre cancha lenta, donde se dio el gran gusto de vencer a su compatriota Gastón Gaudio, ex campeón de Roland Garros y top-ten mundial. Apenas tres semanas pasaron entre ese triunfo que le dio una motivación extra y su llegada a Rusia. Y ya en San Petersburgo, en su primer campeonato siendo preclasificado, en el octavo y último lugar, hizo ruido en serio.
Así, consciente de su potencial, con mucha fe a cuestas pero con escasos pergaminos en el campo rentado, Zeballos se empezó a abrir camino en San Petersburgo. Es cierto que tuvo un cuadro accesible, con rivales de escaso roce y sin otros favoritos enfrente, y así sumó cuatro victorias llegando a la final sin ceder un set. Un caso inédito: el jugador que únicamente contaba con un triunfo en un ATP llegó a hilvanar cuatro consecutivos.
Por eso, Zeballos debutó jugando en unos cuartos de final, luego también en una semifinal y finalmente disputando una definición del circuito mayor. En cuartos venció al rival de mejor ránking dentro de sus cuatro víctimas, ya que el letón Ernests Gulbis figura 100°, mientras que en semis superó al local Igor Kunitsyn (103°, campeón en Moscú 2008).
Y en la final se encontró con otro adversario que pide pista y con pocos antecedentes de peso. El ucraniano Sergiy Stakhovsky (93°), finalista junior del US Open 2004 -cayó ante el escocés Andy Murray-, había arribado al duelo decisivo con el envión de haberle frustrado el sueño al ruso Marat Safin, ex rey de la ATP y dueño de dos coronas de Grand Slam, de poder ganar el último torneo que jugó en su país, ya que está por retirarse.

Zeballos, dirigido por Alejandro Lombardo, quien no pudo viajar a esta gira final del 2009, estuvo acompañado por su preparador físico, Esteban Pérez. Pensar que hace un año no podía superar la fase clasificatoria del challenger de Cali, a la vez que buscaba meterse entre los 200 primeros del mundo. De hecho, empezó esta temporada como 199° y tuvo una evolución enorme, superando fácil la transición entre los campeonatos challengers y los ATP.
Sin dudas, su estilo facilitó este paso ya que se trata de un tenista versátil, de muy buen servicio y gran volea. Como lo cuenta el propio marplatense, basa su juego en el ataque y le gusta la velocidad de pelota de las canchas rápidas, contando con un revés de una mano muy técnico. Todo esto lo muestra como un hombre diferente a la media de los sudamericanos, aunque los líderes de la región se mueven bárbaro en canchas rápidas.
ESTUVO DEMASIADO CERCA
Volviendo a lo que pasó en San Petersburgo, Zeballos bien pudo ser el campeón. Y también hubiese sido justo. Stakhovsky había entrado al cuadro principal tras atravesar la clasificación, aún cuando en el 2008 ganó su único título, en Zagreb, también sobre cemento y bajo techo. El argentino fue claramente superior en el primer set, pero se complicó y los nervios, por tratarse de su primera final de ATP, le jugaron una mala pasada.
Es que Zeballos se llevó fácil el set inicial y luego dilapidó clarísimas chances de escaparse en el segundo. Veamos: dispuso de cuatro break-points estando 3-3 y otros dos cuando igualaba 4-4. Es más: se adelantó 3-0 en el tie-break, quedó 3-6 y lo perdió 10-8. En el último parcial le quebraron el servicio y llegó a estar 3-5, cuando levantó un match-point con su saque. Después quebró, empató 5-5 y estiró la lucha a otra muerte súbita.
Allí estuvo 5-3 arriba, remontó otro punto para partido en 5-6 y hasta tuvo una chance de ponerle el moño a la mejor semana de su vida, cuando se adelantó 7-6. El ucraniano se recuperó gracias a su saque, obteniendo tres puntos al hilo y así el partido. Fue 2-6, 7-6 (10-8) y 7-6 (9-7), tras más de dos horas, y una gran pena para Zeballos. De hecho, ganó más puntos que su rival (105 contra 97), pero no le alcanzó.
Así y todo, pese al dolor lógico, tuvo la capacidad para reflexionar y admitir que igual debía sentirse satisfecho. "El jugó mejor los puntos importantes, por eso perdí los dos tie-breaks. Tuve varias opciones en el segundo set, cuando sacó bien. Quizás debí ser más agresivo, por ser una final, pero fue difícil porque estaba un poco nervioso. Igual estoy muy contento de haber llegado a la final y estar cerca. Soy muy feliz", reconoció.
Zeballos, elogiado por el ofensivo Stakhovsky, de 23 años, apenas logró un ace en todo el partido, producto de la tensión. "Finalmente pude hacer este año el 'click' que necesitaba. Me adapté muy bien a las distintas superficies y eso me dio más confianza. Así sigo creciendo. Veo el fruto de cada entrenamiento y noto que voy cumpliendo mis sueños. Sé que tengo nivel para seguir bien. Y apunto a afianzarme el año que viene", agregó. El crédito, indudablemente, lo tiene abierto.
Gustavo Goitía es editor de ESPNdeportes.com. Es periodista especializado en tenis desde 1989, y se desempeñó como redactor en los diarios La Nación, Clarín y en el deportivo Olé, todos de Buenos Aires; además fue comentarista en el canal TyC Sports. Consulta su archivo de columnas.

